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  new house lounge > Música > Antony & The Johnsons (Concierto Kursaal 2006)  
 
 
  Antony & The Johnsons
Concierto Jazzaldia Donostia
23/07/2005 - Auditorio Kursaal
 
 
 
 

Una de las sorpresas del año, Antony & The Johnsons y su disco "I'm a Bird Now" actuaba a horas intempestivas dentro del Jazzaldi donostiarra. Ante un abarrotado auditorio y un público entregado como pocas veces había visto antes, Antony y su grupo ofreció un exquisito y hasta a veces subliminal concierto de aproximadamente dos horas, en las cuales desgranó temas propios y ajenos con una emoción y entrega nunca antes vista. Como buena muestra de ello, os ofrecemos una excelente crítica aparecida en un medio de comunicación local.

Hermosa melancolía
por Ricardo Aldarondo

Salió a escena discretamente, como sin hacer ruido, mientras el guitarra del grupo tocaba una bonita pieza con la acústica. Dejó el bolso junto al piano y se sentó, casi ajeno a la enorme ovación que le dispensaba el público. Y enseguida acometió My Lady Story, una de las canciones de su disco I am A Bird Now (que repasó casi en su integridad), y en la que ya se plantea el juego de dualidades que alimenta su imagen y muchas de sus canciones. Hombre y mujer, chico y chica, fronteras por las que Antony pasea su melancolía nocturna, su intimidad, su confesión desnuda. El canto del incomprendido tiene una audiencia que le comprende a la perfección: con un silencio absoluto y una devoción sin fin le arropa en la belleza inagotable de sus melodías, y de los arreglos de cuerda de una banda compuesta por bajo, guitarra, violín, cello y acordeón.

Antony se centra en el plácido dramatismo de sus canciones, agita la cabeza y busca con el movimiento de sus brazos la expresividad total ante un piano que, según manifestó entre el humor y la devoción, le intimidaba: «Me impone este piano, mañana va a tocar en él Keith Jarrett, y esta tarde ha tocado con él Roberta Flack, oh my God!», y se depositaba amorosamente sobre el instrumento. Y es que las toneladas de melancolía de Antony no tienen un componente angustioso o torturado. Sus textos, igual que se mueven en la ambigëdad sexual, se manejan entre la luz y las tinieblas, pero no tienen tintes siniestros, sino más bien amorosos y esperanzadores. Y Antony también tiene humor.

Posee una voz peculiar, que extraña y engancha al mismo tiempo. Sobre un cruce insólito entre Nina Simone, el Wim Mertens de la primera época y Bryan Ferry, Antony impone su propia y magnética personalidad. Ese vibrato final que aplica a cada frase puede resultar un poco cargante en disco, pero en directo todo el conjunto de la propuesta cobra sentido. En la hora mágica de la medianoche y en el recogimiento que permitía el Kursaal, cada canción sonó como un arrullo de belleza desarmante. La doble hermosura de Antony y de sus canciones mantuvo durante hora y media en comunión total a un público que aplaudió el inicio de cada una de las canciones del último disco como si se tratase de clásicos disfrutados durantes veinte años, identificados ya desde la primera nota. No es fácil encontrar una explicación al hecho de que Antony hay conseguido ese status en apenas unos meses y con una música que va absolutamente a contracorriente de todo lo que se supone que la gente quiere. Una vez más las técnicas de marketing se equivocan. O afortunadamente aún nacen artistas capaces de combatir el adocenamiento. Y de arrollar con la más absoluta fragilidad. Su relación con el público estuvo en las antípodas de la habitual: logró que todo el auditorio emitiera un sonido continuo de una nota durante varios minutos («imaginaos que tenéis un pececito de plata en la garganta que emite ese sonido»), mientras él entonaba sobre ese manto una melodía folkie.

Alguna incursión en el primer álbum (Cripple and the Starfish) se alternó con las esperadísimas For Today I'm a Boy, Man is the Baby (con ese precioso «forgive me»), o You are My Sister. Pero además hubo una serie de versiones que definen al personaje tanto como sus originales, porque les impone totalmente su sello: The Guests, de Leonard Cohen, Soft Black Stars, de Current 93, All is Loneliness, Moondog y la emocionante Afraid de Nico que Antony empezó ¿cuatro veces! porque no le salían un par de notas al piano. Al final la hizo con tropezones, pero estupenda.

El final con Hope There's Someone y el bis con el Candy Says de Lou Reed pusieron el broche a la nocturna y emotiva exquisitez. Antony cogió su bolso y sonrió tímidamente. La organización, cómplice con el boy/girl, le obsequió con un ramo de flores.