Grandeza merecida
Ramón Surio
Las cifras que manejan Depeche Mode, sin ser tan abrumadoras como las de unos Rolling Stones o U2, también dan vértigo. Las entradas para las dos noches en el Sant Jordi se agotaron con tanta antelación que hubiera estado bien que programasen su concierto en un estadio, aunque sólo fuera para comprobar si son capaces de igualar a mitos como los anteriormente citados o del calibre de Bruce Springsteen.
Es algo que cuesta de explicar, porque en el último decenio no se puede decir que hayan entregado álbumes memorables. Sin embargo, ahí están las cifras y unos seguidores incondicionales que van desde los veteranos que los siguen desde sus lejanos tiempos de nuevos románticos hasta jóvenes adolescentes, maquillados y vestidos a la manera de su icono más visible, el cantante Dave Gahan; éste, que parece que ha abandonado finalmente su apasionado romance con el lado salvaje que a punto estuvo de costarle la vida, sigue siendo el máximo reclamo de un grupo que se puede permitir el lujo de picotear en todas las etapas de su carrera sin apenas bajar el nivel de intensidad emocional durante las dos horas del concierto.
Viendo su show no extraña que los mejores festivales remuevan cielo y tierra para lograr que los de Basildon figuren en su cartel y es que Depeche Mode ha sabido como nadie unificar en el mismo clamor de fan a los amantes del tecno-pop y a los que se pirran por los riffs de guitarra, a los incondicionales de la música siniestra y a quienes no pasan de la radiofórmula. Ése es el secreto de su tremendo éxito.
En el arranque del concierto parecen émulos del glam-rock e incluso Gore se marca unos pasos a lo Chuck Berry con la guitarra en bandolera; Gahan, por su parte, en la épica John the Revelator,canta y pega unos gritos que ni el mismísimo Alan Vega. En el marcial y acelerado dance-rock de A question of time sigue alternando los alaridos con su profunda y grave voz, el mejor sello distintivo del grupo, aferrado a su indispensable pie de micro. Podría hacerse toda una teórica de lo importante que resulta para el cantante ese trozo de metal y no sólo en cuanto a la plástica visual; también en la peculiar forma que tiene de moverse por el escenario, la mitad del tiempo desnudo de cintura para arriba, luciendo su aún bien conservado cuerpo lleno de tatuajes.
Policy of truth,un tema que gustoso firmaría David Bowie, fue el primer acercamiento a Violator,el disco más visitado de la noche, junto su última entrega, Playing the angel.La nueva Precious,un oscuro medio tiempo, supuso el primer bajón, sobre todo si la comparamos a su continuación, el grandilocuente Walking in my shoes,coreado de manera unánime. La nueva Suffer well sirvió de inicio al tramo menos inspirado de la noche y para confirmar que la composición no es el fuerte de David Gahan, algo que se volvió a evidenciar en I want it all,en el meridiano del concierto y tras dejar que Gore fuera el protagonista vocal en dos baladas.
La velada volvió a remontar con las explícitas connotaciones sexuales del ampuloso I feel you,un tema rescatado de Songs of faith and devotion y preludio de la explosión de júbilo que supuso la inmersión en el tecno-pop bailable de Behind the wheel y World in myeyes.Con el camino allanado llegó la apoteosis de Personal Jesus rubricada por un final en forma de Enjoy the silence,un título que sonó algo sarcástico habida cuenta del jolgorio que se montó entre el público.
Quedaban aún los bises, con una primera tanda de canciones en la que destacó poderosamente su primer hit, Just can´t get enough,un clásico de la música de baile que no ha perdido un ápice de vigencia. Lo mismo se puede decir de Everything counts,otra píldora tecno-pop de los ochenta dominada por el sonido de los sintetizadores.
No hubo suficiente, aún faltó otro bis y otro clásico incombustible de su repertorio, un Never let me down again que volvió a provocar la enésima catarsis, un subidón de adrenalina que sólo pudo moderar el emotivo final con Gore y Gahan cantando abrazados una balada, rodeados de su público en la pasarela que salía del escenario para hundirse entre los fans de las primeras filas. Depeche Mode acababa de dejar muy claro, tanto por el impecable espectáculo como por su repertorio, que si están tan arriba es con todo el merecimiento del mundo.