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24/10/2001
Y la música en Madrid, ¿qué?
Mara Rabadán
El domingo 14
de octubre, unos cuantos miles de jóvenes y no tan jóvenes
pudimos disfrutar en Madrid del concierto de Depeche Mode, que se celebró
en la plaza cubierta de Vista Alegre. No vo y a entrar en detalles acerca
de lo bien o mal que estuvo ya que eso es cuestión de gustos
músicales; lo que si me ha llamado la atención es que
un medio de comunicación como EL PAÍS no haya hecho referencia,
ni siquiera con unas líneas, a la visita de un grupo como éste,
de gran reconocimiento y éxito internacional, a nuestra ciudad
después de años sin actuar en Madrid.
Los madrileños en general nos quejamos de la
mala gestión cultural del A yuntamiento, que ha conseguido que
con los años las grandes giras de artistas internacionales pasaran
de largo por nuestra ciudad, no acondicionando lugares para este tipo
de eventos. Ejemplos recientes han sido las actuaciones de Madonna,
U2 y un largo etcétera de actuaciones que los madrileños
no hemos podido disfrutar. Si los medios de comunicación, como
EL PAÍS, tampoco le dan la mayor importancia, conseguiremos que
Madrid siga muriendo poco a poco, culturalmente hablando... ¿
Realmente no le interesa a nadie? Me pregunto qué pasaría
si, después de un Real Madrid-Atlético de Madrid, su periódico
no escribiese ni una línea al respecto...
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26/10/2001
Paisaje
Ruth Toledano
Aunque hay mucho
ruido, amaneció cálido y azul y las calles están
soleadas. Ha y mucho ruido porque Madrid es una ciudad acústicamente
contaminada y lo que consistía en esquivar los cortafríos
o los taladros se ha vuelto un acertijo: ¿en qué calle
no habrá un estruendo inhabitable? Pero hace un día buenísimo
y salgo por la mañana a pasear.
Observo una vez más la marcha de las obras
de la Gran Vía. El tramo de acera que ya está rehabilitado
produce una rara sensación de autopista y me fijo bien en las
nuevas barandillas: no se puede decir que sean feas y el A yuntamiento
asegura que se ha ampliado el ancho peatonal; sin embargo, da la impresión
de que los coches están más cerca y llego a la conclusión
de que es porque se han eliminado los árboles y las jardineras,
que creaban una barrera vegetal de separación entre la acera
y la calzada. Con todo su sobresalto de obstáculos y chirimbolos,
la Gran Vía ha mantenido siempre un aspecto familiar y acogedor.
Me pregunto si las plantas de contención serán restituidas;
si no, la Gran Vía adoptará un desagradable aspecto de
M-30. También me pregunto si es aceptable que otros tomen decisiones
decorativas en tu propia casa, pero eso sería adentrarme en estructuras
políticas, así que me desvío y decido ir a tomar
algo a una terraza en la plaza del Carmen, una de las pocas que conservan
en el centro ese aire recoleto y desmañado que es tan madrileño.
Una mujer de treinta y tantos, con aspecto europeo,
aparece con dos niñas de unos seis y cuatro años y un
niño que no pasa de dos. Los tres desenfundan dos minúsculos
violines y un violonchelo, se encaraman a una modesta estructura para
juegos infantiles y empiezan a tocar. La mujer les observa desde un
banco en el que se ha sentado junto al carrito del más pequeño.
Alrededor de los músicos empieza a concentrarse un grupo de personas,
la mayoría con aspecto de mendigos o desocupados pobres. Los
niños se mantienen concentrados y serios y a los adultos se les
ilumina la cara de admiración y ternura. Cuando termina una pieza,
todos aplauden. Y entonces uno de ellos, un negro bajito y delgado,
rebusca en sus bolsillos, selecciona concienzudamente lo que ha sacado
en la mano, como contando, escoge una moneda y se acerca a dejarla en
la funda abierta del violonchelo.
Hojeo el periódico. En la sección local
de Opinión del Lector hay una carta de Mara Rabadán que
se titula Y la música en Madrid, ¿qué? Se queja
de que haya actuado un grupo de la talla de Depeche Mode, que hacía
años que no daba aquí un concierto, al que asistieron
miles de personas; se queja de que nos quejemos de la mala gestión
cultural del A yuntamiento y medios de comunicación como éste
no hayan considerado importante cubrir esa información. Se pregunta
qué sucedería si después de un partido Real Madrid-Atlético
de Madrid el periódico no escribiese una sola línea al
respecto.
Me dirijo a la Casa del Libro. En la Gran Vía
ha aterrizado un montón de gente con banderas y bufandas futboleras
y me acuerdo de Mara Rabadán, con quien esto y completamente de
acuerdo. Los futboleros hablan italiano y algunos intentan ligar interceptando
el paso a las chicas. No tengo ni idea de quiénes son, pero ya
me enteraré, al menos por la prensa. Ha y gente que no tiene ni
idea de quiénes son Depeche Mode, pero no podrán enterarse
ni por la prensa. Por supuesto, enseguida me enteré de que jugaba
'la Roma'. Pues vale. Pienso que la paranoia de la guerra no alcanza
a esos forofos, que han volado a Madrid y parecen contentos. Pues vale.
Subo con dos chicos en el ascensor de la librería y uno de ellos
dice al otro: '¿Y cómo sabes que en tu papela no hay ántrax?'.
Me da un poco la risa, pero pienso que es una buena pregunta y que los
consumidores que pertenezcan a grupos de riesgo, tipo el Congreso o
el Senado de EE UU, deben estar pasándolas canutas.
Regresando a casa me encuentro con un amigo, sigue
habiendo muchísimo ruido, pero conseguimos charlar un rato; después
nos damos un besito en los labios para despedirnos; por detrás
de mí se acerca un adolescente marroquí; cuando pasa a
nuestro lado nos espeta: 'Maricones'. Pues vale.