EL PAÍS > Crítica de
POP > 17/07/1993
Devocionario
Nacho Sáenz de Tejada
Cuando en 1980,
Andrew Fletcher formó el embrión de Depeche Mode junto
a Vince Clarke, pocos imaginaban que, 13 años más tarde,
el cuarteto formado por el propio Fletcher junto a David Gahan, Martin
Gore y Alan Wilder iba a superar con creces a otros grupos creados el
mismo año (Duran Duran, Spandau Ballet). En 1981, el disco Speak
and Spell ya contenía propuestas claras: música basada
en los sintetizadores, atención a las minorías e ideología
a la contra. Rondaban los 20 años y ante sí tenían
una carrera con más de 20 canciones de éxito en el Reino
Unido y Europa. En Madrid las minorías no fueron tales y 17.000
personas reconocieron algo que no se paga con oro: la fidelidad a una
trayectoria.Su presentación fue espectacular. Grandes cortinas
grises, sombras, truenos y relámpagos. Seis pantallas de vídeo
en el escenario, dos enormes tras los músicos, con luz y sonido
muy cuidados. Lo necesario para la gran liturgia que Depeche Mode desarrolla
y que sus fieles seguidores aclamaron durante las dos horas largas que
duró el recital.
En un altar, los tres teclistas. En primer plano,
un David Gahan más extrovertido, reclamando el fervor. No tardaron
mucho en interpretar Walking in my shoes, el primer éxito de
su último disco Songs of faith and devotion, un trabajo que ha
enriquecido su carrera musical por su amplitud tímbrica y estilística.
En directo, esta riqueza no es tan evidente por la utilización,
casi exclusiva, de los sintetizadores, que hacen los temas más
lineales y reiterativos. Pero prácticamente todas las canciones
fueron cantadas por un público que tiene con el grupo una conexión
tan especial como inhabitual en el pop. Así, Depeche Mode recorrió
su historia, elevó a sus seguidores a lo más alto y convirtió
la noche en un devocionario.