EL PAÍS > Madrid > 25/03/1992
El grupo Depeche Mode graba su octavo disco en un
chalé de Madrid
Los músicos británicos pagan menos
impuestos si producen sus canciones en el extranjero
Diego A. Manrique
Depeche mode,
el más afortunado exponente del pop electrónico, está
grabando en madrid su octavo elepé de estudio. han acampado en
un amplio chalé de una urbanización periférica,
donde viven y trabajan sin grandes prisas. no es habitual que las estrellas
del pop anglosajón se desplacen hasta españa para confeccionar
sus discos: en el caso de depeche mode, la explicación oficial
es su atracción por la agitada vida nocturna de la capital.
Se trata de ahorrar impuestos: las figuras
de la música británica se pueden acoger a importantes
rebajas fiscales si sus discos han sido elaborados en el extranjero.
Depeche Mode tiene un motivo extra para grabar en Madrid: Martin L.
Gore, compositor y cabecilla del grupo, es un buscador de sensaciones
que ha encontrado aquí su fantasía de una ciudad que no
duerme; una fascinación no compartida por algunos de sus compañeros,
que combaten la nostalgia con la a yuda de una cocinera inglesa que no
se desvía del recetario nacional.El trasnoche impone nuevos horarios:
es la hora de comer y no se registra mucha actividad en el chalé
que Depeche Mode ha alquilado en una urbanización de lujo. Duerme
la batería en lo que fue biblioteca, mientras el salón
principal está invadido por guitarras y teclados, conectados
por una maraña de cables a una inmensa mesa de grabación
que instalaron hace dos meses unos técnicos desplazados desde
Londres. Alan Wilder, uno de los teclistas del cuarteto, explica su
método de trabajo: "Martin nos trae esbozos de canciones,
a veces tocadas simplemente con una guitarra y entramos al estudio
sin ideas preconcebidas. Suele ocurrir que la espontaneidad no produce
resultados interesantes y tienes que parar, descansar unas semanas y
volver a empezar. Eso significa que ni nosotros mismos sabemos cómo
terminará sonando este disco".
El disco español de Depeche Mode se publicará
a principios de 1993, casi tres años después de su anterior
entrega, Violator: "Si de algo nos sirve nuestra posición
es para permitirnos experimentar en el estudio. Según vamos creciendo,
admiramos más a los artistas que no se obsesionan por estar en
el número uno en las listas, a grupos como Kraftwerk, que han
cambiado la estética del pop, pero son capaces de pasar seis
años sin sacar un disco".
Ellos cuentan con la lealtad de un público
masivo e internacional. Al comienzo de la perestroika, una encuesta
de la televisión estatal soviética les colocaba como tercer,
grupo más admirado, detrás de los Beatles y The Police.
En Estados Unidos llenan estadios y en España venden más
de 100.000 copias de cada lanzamiento. Una popularidad que tiene su
vertiente peligrosa: "Fuimos a Radio Madrid a hablar en directo
y al final se congregaron tantos seguidores que no podíamos huir,
se subían encima del coche y llegamos a temer por nuestras vidas.
Por favor, que no se sepa en qué zona estamos viviendo".
Sin embargo, en su propio país sufren el olvido
de los medios, siempre obsesionados por subirse a la última tendencia.
Les recuerdan con displicencia como unos críos con espinillas
que venían de Basildon, ciudad satélite en el condado
de Essex, que explicaban su dedicación alos instrumentos digitales
como algo que les facilitaba el transporte. "Han pasado 12 años
y nos consideran como una anomalía, poco más que un grupo
que de vez en cuando vuelve a las listas. De hecho, en los últimos
tiempos hay mayor respeto por nosotros: la prensa ha descubierto que
nuestros discos son adorados por muchos productores negros y que la
música de baile actual tiene una deuda con Depeche Mode".
Letras y vídeos
Y están los pequeños escándalos
generados por letras supuestamente blasfemas o vídeos repletos
de erotismo a lo Helmut Newton: "Los ingleses disfrutan aparentando
que están ofendidos por algo que en realidad les excita. Las
canciones de contenido religioso responden a preocupaciones espirituales
que crecen con la edad: todos tenemos más de 30 años y el último decenio nos parece una película acelerada,
una sucesión de momentos brillantes seguidos por vacíos,
semanas de las que no recuerdas nada. No es una forma saludable de vivir".
Para mitigar el tedio de los tiempos muertos, algunos
de ellos se embarcan en proyectos paralelos: así, Alan Wilder
usa el seudónimo de Recoil para editar discos sombríos
donde se acentúan los elementos repetitivos y amenazadores de
Depeche Mode. Por pura satisfacción personal, añade: "No
se trata de competir con el grupo. No los promociono exhaustivamente
ni me preocupa el entrar en las listas. Lo bueno de Depeche Mode es
que tenemos una seguridad económica que permite olvidarse de
lo que es o no es comercial. Si hemos aguantado más que otros
grupos tecno ha sido por nuestra prudencia empresarial: en este negocio
es mejor no deslumbrarse. Es esencial si quieres conservar el poder
de decir no".