Los adolescentes bailes de moda
Pedro Calvo
Una de las principales ventajas de la
música adolescente es su obviedad. Se ve, se escuchay se entiende
de inmediato todo lo que pasa. Sus claves son siempre manifiestas y
casi siempre divertidas y bailables. Éste es el caso de Depeche
Mode cu ya traducción aproximada vendría a ser Moda Rápida:
un cuarteto de jóvenes músicos de Essex que hacen ritmos
de baile para pasar el rato con la a yuda de tres sintetizadores.Para
evitar posibles complicaciones los de la moda rápida se trajeron
parte de los deberes hechos en casa. Todas las bases rítmicas
estaban pregrabadas. Una medida económica que asegura con garantías
la eficacia de un buen sonido. Si añadimos una imagen cuidada
a un puñado de temas pegadizos, con tres o cuatro canciones originales,
el éxito puede cantarse a golpe de cadera. Y algunas de las composiciones
de Depeche Mode, como Just can't get enough, Dreaming of me, o See you,
poseen el veneno suficiente como para arrebatar de Cioruchis danzantes
las pistas de cualquier discoteca.
En directo, los chicos de Depeche Mode
tenían una presencia admirable. Su cantante, Dave Graham, era
realmente atractivo. Un buen físico, ropa bonita y una voz cascada
en la más pura tradición del pop británico. Un
toque de romanticismo pulcro y unas maneras de bailarín arrogante
dotaban al joven Dave del encanto necesario para colmar las expectativas
de toda una legión de engalanadas señoritas de buena familia.
El concierto se realizó, como
en los buenos tiempos, aprovechando las instalaciones culturales del
recinto universitario. Llegar hasta el salon de actos de la Escuela
de Ingenieros de Caminos, en una noche de frio espantoso, fue un peregrinaje
digno de los fans más abnegados.
La sala, diseñada para otras solemnidades,
no era el espacio más apropiado para los esparcimientos corporales.
El local estaba lleno a rebosar. Gentes
educadas, entre las que figuraban casos aislados de bebedores primerizos
y colosales, que se divertieron con un espectáculo limpio y cercano.
Y además, siempre es grato salir de un concierto con el tarareo
de alguna canción ilusionada colgando de los labios. Dónde
aparcar la cabeza es ya otra cosa que nada tiene que ver con el baile.