new house lounge Música Depeche Mode HISTÓRICO EL PAIS 1984
   
 

 

 

 

 

Depeche Mode en El País

EL PAÍS > Crítica de Música POP > 12/03/1984

Los adolescentes bailes de moda

Pedro Calvo

Una de las principales ventajas de la música adolescente es su obviedad. Se ve, se escuchay se entiende de inmediato todo lo que pasa. Sus claves son siempre manifiestas y casi siempre divertidas y bailables. Éste es el caso de Depeche Mode cu ya traducción aproximada vendría a ser Moda Rápida: un cuarteto de jóvenes músicos de Essex que hacen ritmos de baile para pasar el rato con la a yuda de tres sintetizadores.Para evitar posibles complicaciones los de la moda rápida se trajeron parte de los deberes hechos en casa. Todas las bases rítmicas estaban pregrabadas. Una medida económica que asegura con garantías la eficacia de un buen sonido. Si añadimos una imagen cuidada a un puñado de temas pegadizos, con tres o cuatro canciones originales, el éxito puede cantarse a golpe de cadera. Y algunas de las composiciones de Depeche Mode, como Just can't get enough, Dreaming of me, o See you, poseen el veneno suficiente como para arrebatar de Cioruchis danzantes las pistas de cualquier discoteca.

En directo, los chicos de Depeche Mode tenían una presencia admirable. Su cantante, Dave Graham, era realmente atractivo. Un buen físico, ropa bonita y una voz cascada en la más pura tradición del pop británico. Un toque de romanticismo pulcro y unas maneras de bailarín arrogante dotaban al joven Dave del encanto necesario para colmar las expectativas de toda una legión de engalanadas señoritas de buena familia.

El concierto se realizó, como en los buenos tiempos, aprovechando las instalaciones culturales del recinto universitario. Llegar hasta el salon de actos de la Escuela de Ingenieros de Caminos, en una noche de frio espantoso, fue un peregrinaje digno de los fans más abnegados.

La sala, diseñada para otras solemnidades, no era el espacio más apropiado para los esparcimientos corporales.

El local estaba lleno a rebosar. Gentes educadas, entre las que figuraban casos aislados de bebedores primerizos y colosales, que se divertieron con un espectáculo limpio y cercano. Y además, siempre es grato salir de un concierto con el tarareo de alguna canción ilusionada colgando de los labios. Dónde aparcar la cabeza es ya otra cosa que nada tiene que ver con el baile.