Depeche Mode, Animales de Directo
Terra / EFE
Depeche Mode reunieron el pasado fin de semana a
miles de personas en los dos conciertos que ofrecieron en España,
Madrid y Barcelona, en los que además de presentar en directo
su último disco, 'Exciter', nos regalararon los mejores temas
de su carrera. Te contamos como fue el directo de Barcelona.
El recital barcelonés, que comenzó
con la baja del telonero anunciado, Fad Gadget, sustituido por el pinchadiscos
barcelonés Angel Molina, consiguió colgar el cartel de
"Agotadas las localidades" y precedió al que el grupo
ofreció el domingo 14 en el Palacio de Vista Alegre de Madrid.
Dave Gahan, Andrew Fletcher y Martin Gore, respaldados
por dos músicos y dos coristas, comenzaron el concierto a las
22.05 horas con una introducción instrumental del primer sencillo
de su nuevo disco, 'Dream on', la primera de la veintena de canciones
previstas, pertenecientes en su mayoría a la segunda mitad de
su carrera.
Y, sin necesidad de evocar la nostalgia ni de jugar
con caballos ganadores, con el recinto en total oscuridad durante todo
el concierto, Depeche Mode volvieron a conquistar al público
de Barcelona demostrando que son un grupo de directo porque tienen lo
principal: canciones.
Así, si algunos de sus discos pueden pecar
de falta de unidad, de concepto, sobre el escenario el trío de
Basildon se crece porque encadena sus mejores armas, pese a que el concierto
pecó de efectista y agradablemente blando en algunos parajes.
Con Dave Gahan en perfecto estado vocal y Martin Gore
empuñando la guitarra eléctrica en algunos momentos -toda
una herejía en otras épocas-, al grupo le bastó
un escenario en penumbra permanente, diseñado por el fotógrafo
Anton Corbijn y una pantalla donde pro yectar cuatro imágenes
y jugar a las sombras chinas cuando los focos carecían de filtros
pigmentados para cautivar con un espectáculo perfectamente estudiado
e ideado.
Hasta Martin Gore se soltó el pelo interpretando
dos canciones -especialmente emotiva 'Breathe', con la portada de 'Exciter'
recreada sobre el fondo del escenario-, aunque no hubiera hecho falta,
pues el grupo remontaba fácilmente hasta los momentos más
ñoños, que los ha habido, como en 'Freelove' o en 'Home'.
Pero también pitan a Rivaldo en el Camp Nou,
silbidos que, como dos minutos después, se tornaron en coros
para acompañar el estribillo soul del tema. Igual que si el brasileño
la rompe de chilena. Nadie es perfecto, que diría Madonna.
Nadie ha llenado, tampoco, el Palau Sant Jordi y actuado
en este recinto en cuatro giras consecutivas. Sólo Depeche Mode.
Y aunque eso tiene un precio, los británicos aún luchan
por la Liga de Campeones veinte años después.
A la cuarta pieza, 'Walking in m y shoes', la mezcla
de programaciones, electrónica y melodías de pop de los
británicos ha dejado claro por qué no han sucumbido en
el intento como todos sus coetáneos y han trascendido a la moda
tecno-pop de principios de los 80. Su envejecimiento no es trasnochado
y no ser vanguardia tras 20 años, en el volátil mundo
del pop, no significa ni mucho menos ser el último de la fila.
Su actualización de la música de clubes
coexiste perfectamente con su concepción de espectáculos
masivos en un caso con un único parangón: Madonna, aunque
la "ambición rubia" se lleva el gato al agua por el
aspecto visual y los británicos se remiten al apartado musical,
pese a que su rockerización llega al extremo de conseguir que
su público reciba, puño en alto, como los 'heavies', 'I
feel you'.
'Dream on', 'When the bod y speaks' y 'Waiting for
the night' pusieron las bases, el interludio de Gore ha marcado el acercamiento
hacia el soul y luego ya ha valido casi todo si suenan, como sea, 'Enjo y
the silence', 'I feel you', 'In your room', 'It's no good' y 'Personal
Jesus', el bloque dedicado al pasado tras enseñar el presente
y dar una pista de futuro: empieza la curva descendente.
Los bises, con 'Home', 'Black celebration' y 'Never
let me down again' acabaron de certificar el triunfo tras casi dos horas
de un espectáculo notable, pero algo insuficiente para quien
había acostumbrado al público al sobresaliente.
El único pero lo puso la organización,
que agotó la paciencia de los redactores gráficos de algunos
medios de comunicación, que se plataron. Un mal inicio para un
final realista.