Depeche Mode sobreexcita el Palau Sant Jordi
NANDO CRUZ
18.000 'fans' aplaudieron durante dos horas el
derroche de energía del grupo británico
Depeche
Mode y el Palau Sant Jordi vivieron por cuarta vez una noche de amor
desenfrenado. La pasión que desata el grupo inglés fue
correspondida por los aplausos, gritos y coros de un público
que, una vez más, agotó todas las entradas disponibles:
18.000. El estreno de Exciter volvió a demostrar que no importa
el nivel de calidad del disco a presentar: Depeche Mode son capaces
por sí solos de sobreexcitar y convencer a sus fans .
Martin L. Gore fue el primero en tomar el escenario para esbozar una
versión acústica de Dream on . Pero, como siempre, Dave
Gahan fue el ferviente maestro de ceremonias. El cantante salió
poseído por una extraña agresividad interpretativa. En
el ambiente, dos preguntas: ¿qué le habían puesto
en la bebida? y ¿cuánto rato podrá aguantar a ese
ritmo? Mientras se resolvían las incógnitas, Dead of night
y The sweetest condition demostraban que Exciter no es un gran disco.
Tras ellas y con Gahan ya a pecho descubierto, Halo , un tema menor
de Violator , se convertía por sorpresa en himno de masas.
El estribillo de Walking in m y shoes fue la primera
justificación convincente de la entrega del público. Había
más fe y devoción por las canciones que pasión
real, pero Dave Gahan sabe cómo sublevar a las masas. Golpeándose
el pecho como Tarzán, recorriendo el escenario como Steven T yler,
robándole movimientos de cadera al mismísimo Elvis Presle y.
Sí, son un grupo de tecno, pero en escena juegan al rock'n'roll
circus mejor que nadie.
ESCENARIO LIMPIO
Reforzados por un teclista, un batería y dos
coristas, Depeche Mode se presentaba en un escenario limpio de ornamentos
--es la última tendencia en los grandes montajes--, pero apoyado
por una sutil iluminación. Ideal para un bloque intimista que
fue de lo insulso --When the bod y speaks -- a lo entrañable --el
It doesn't matter two que Martin regaló a los fans más
estudiados--, pasando por un Waiting for the night impecable.
No obstante, el concierto no empezó a cobrar
altura hasta Freelove , la mejor canción de Exciter , dadas las
inexplicables bajas de I feel loved y Shine . Tras ella, Enjo y the silence
volvió a alzar los brazos de los 18.000 fans --lástima
de ese apéndice funk y de tarjeta roja directa-- y I feel you
resituó al grupo en su etapa más rock. Si hasta entonces
el sonido había resaltado por su contundencia, a partir de entonces
iba a ser atronador.
Las imágenes de un acuario compartido por dos
peces pequeños y un tiburón enriquecieron In your room
. It's no good contó con el apo yo de un videoclip protagonizado
por el trío. Y Personal Jesus propició las mismas escenas
que For those about to rock en los conciertos de AC/DC: brazos al aire
y gritos de pasión sincronizada, casi marcial. Mu y física.
En los bises, Martin L. Gore escogió Home y
Dave Gahan, Clean . Black celebration devolvió a los fans a los
años 80 y Never let me down again ejerció de Ever ything
counts , infalible himno de estadio en el que los músicos anduvieron
dando botes por el escenario. Parece que esta vez Depeche Mode se había
propuesto obtener el máximo resultado ofreciendo el mínimo
repertorio. Y, tras dos horas de show con numerosos disparos al aire,
volvieron a salir a hombros del Sant Jordi. Esto es amor.