Del frío a la lealtad
Fernando Martín
Depeche Mode: Dave Gaham (voz), Martin Gore (guitarra),
Andy Fletcher (sintetizadores), Peter Gardeno (teclados), Christian
Eipner (batería) y Jordan Ba yle y y Georgia Lewis (coros). Plaza
de toros de Vista Alegre. 5.000 pesetas. Madrid, domingo 14 de octubre.
Valedores de una interpretación musical que
les hace pasar por todas las fases del rock, aunque sin usar de sus
elementos más que una guitarra eléctrica, este legendario
trío británico ofreció anteanoche una actuación
que, desde luego, encandiló a la audiencia entregada que abarrotaba
el recinto. Su fiel parroquia española no desperdició
una sola de las canciones del grupo para acompañarlas con sus
voces.
Distanciamiento o cómo reflejar la propia música
en un espejo que la devuelve convenientemente enfriada serían
dos de los modos de expresar lo que a estas alturas supone un espectáculo
en directo de Depeche Mode. El pretexto de esta gira -llevaban cuatro
años alejados de los escenarios- es la presentación de
su último disco, Exciter y a él pertenecieron las piezas
más impactantes de una actuación en la que el solista,
Dave Gaham, hizo de Mick Jagger, de Igg y Pop y, si se apura, hasta del
finado Michael Hutchence. Demostrando que de todos los infiernos personales
-drogas, intentos de suicidio- se puede salir, Dave evolucionó
por el escenario con energía y soltura, mientras sus compañeros,
a yudados de un montón de sonidos pregrabados, tejían una
cuadriculada red de sonidos en los que faltaba el fuego característico
de los artistas de color: el rock. En su lugar, Depeche Mode ofrece
una pretenciosidad de arreglos y sonidos preñada de sinfonismo
y momentos románticos y/o épicos. A sus seguidores, desde
luego, tanta poesía musicada les encantó. A los que no
son tan acérrimos, la belleza que trata de plasmar el grupo les
dejó, nunca mejor dicho, a un paso de la congelación.
La decoración del escenario se apoyaba en un
minimalismo perfectamente representado por varios marcos de neón
y un hermoso juego de luces, que resaltaba en el ciclorama las sombras
de los músicos. Asimismo fueron reseñables las pro yecciones
de imágenes en ese telón de fondo: la imagen de un día
completo en el desierto, tomada con cámara superlenta y ofrecida
en los tres minutos que dura un tema y la convivencia en dicha pantalla
de un tiburón y dos peces que nunca llegaban a encontrarse. En
cuanto a lo musical, los momentos álgidos correspondieron a canciones
como Waiting forn the night, Free love o Personal Jesús, tema
con el que se despidieron, para regresar al poco con otras cuatro canciones
para poner el broche final.